
Es obvio que finge. No siente absolutamente nada, lo mismo que si estuviera haciendo unas lentejas, pero quiere adular a su tarzán y pega unas voces con ays ays ays ays seguidos, que se escuchan en 5 km a la redonda.
Rosamari echa quiquis los sábados. A sus 69 años se pone supersexi y despliega todo un ritual de perfumes, maquillaje y trapitos multicolor, y todos los sábados puntualmente se sienta en el sofá a esperar a que llegue su tarzán, pintá como una puerta..
Mis noches se hacen largas como días sin pan cuando Rosamari se entrega al amor, porque la oigo gemir con toda claridad sobre el techo de mi dormitorio. Es una suerte que su cama no chirrie, pero es que los gritos de Rosamari chirrian mucho más.. sus alaridos nocturnos, hacen que el que pasea al perro mire hacia su ventana anonadado, que los grillos se tapen la boca asustados, que se oigan persianas que suben de golpe, que el camión de la basura se pare en seco escandalizado...
Yo soy consciente de que el sexo en la tercera edad es muy saludable, pero no me faltan ganas de subir y meterle a Rosamari un zapato por la boca..
Bienaventurados los que follan a gritopelao, porque de ellos será el reino de los cielos..